1. Teodoro Bustamante
Ciertas revistas de prensa rosa intentan dar algún contenido pseudo-serio para darle a sus lectores pretexto para comprarla (aparte de buscarse en las fotos de la sección social). En esta ocasión, la Revista Cosas intenta cubrir su falta de credibilidad con una entrevista a Teodoro Bustamante, profesor de la FLACSO.

El profesor Bustamante califica al gobierno de Correa como el sexto velasquismo, pero con plata.
La entrevista desarrolla, básicamente, los siguientes puntos en común entre los dos personajes/gobiernos:
- Ambos líderes fueron académicos de la capital, pero su base electoral son los pobres (la “chusma”).
- En ambos gobiernos hay prácticas populistas.
- En ambos gobiernos falta planificación coherente.
- Ambos gobernantes carecen de solidez ideológica.
Yo discrepo con la tesis de Bustamante Ponce, en primer lugar, Correa puede ser cualquier cosa, pero no es ideológicamente indefinido: él es de izquierda conservadora: cree que el Estado debe tener un rol importante en la economía del país (eso es izquierda) y cree que el Estado debe tener poder sobre decisiones sociales de la persona (eso es ser conservador).
Correa ha sido consistente: su gobierno ha aplicado siempre políticas de izquierda conservadora. Velasco Ibarra, por otro lado, siempre fue indefinido ideológicamente. Su ideología era ser populista, lo que quiera que esto fuese. Por ello, Velasco fustigaba por igual a la oligarquía y a los “comunistoides”.
En segundo lugar, Correa sí cree en la planificación. El gobierno actual es el primero que ha presentado un plan de desarrollo del país. El Senplades existe desde hace años pero recién en este gobierno se hace visible, de hecho, podría volverse Ministerio en un futuro próximo. En gobiernos anteriores no se tenía la percepción de que había planificación: el presidente de turno llegaba con un plan de gobierno, pero empezaba por apagar incendios, y de incendio en incendio, terminaba atrapado en las mangueras y no terminaba de ejecutar nada planificado. La última vez que sentí que alguien en el gobierno tenía un plan de desarrollo para el país fue con Alberto Dahik.
Velasco, por su parte, aunque creó la Junta de Planificación, siempre ejecutaba obras y políticas sin planificación alguna: sentía que el país necesitaba obras “de urgencia” y ejecutaba cualquier cosa (puentes, escuelas, carreteras, edificios, bancos,…) en cualquier orden. Tal vez pueda encontrarse algún simil en cómo el gobierno actual decretaba emergencias para usar fondos en varias áreas, pero esta política (dictar decretos de emergencia) no es improvisada: es parte de la planificación: el Presupuesto de 2007 fue elaborado por el gobierno de Palacio, donde se fijó un precio del petróleo muy bajo. Por ello, las emergencias buscan usar fondos que, de otro modo, estaban destinados al pre-pago de deuda externa.
Tercero. Aunque puede encontrarse prácticas populistas en ambos gobiernos, es claro que mientras para Velasco el populismo era el centro de su ideario, para Correa es un medio para permanecer popular y lograr, de ese modo, que se apruebe la transformación legal que requiere su plan. Es decir: para uno el populismo era el fin y para el otro es un medio.
2. Byron Rodríguez
Si Correa no se parece a Velasco, ¿Será que se parece a Alfaro? Por más que el Presidente insista, a mí no me parece “alfarista” su gobierno. Por ejemplo, Alfaro no le tuvo miedo a contratar a un extranjero (Archer Harman, EE.UU.) para que encuentre financiamiento y construya el tren Quito-Guayaquil. Correa, en cambio, se asusta ver a canadienses haciendo un aeropuerto para Quito: el presidente cree que ha habido un atraco porque los constructores van a lucrar con la obra, creyendo que sería mejor que el aeropuerto lo construya el Estado, el cual no lucra.
Si pudiera, le recordara al Presidente que el ferrocarril intentó construirse desde la época de García Moreno y sólo fue posible cuando entró la inversion y organización de un inteligente extranjero que, por supuesto, lucró después con el tren (el tren Quito-Guayaquil funcionó de maravilla hasta que fue “estatizado”).
Alfaro no criticaba a la oligarquía guayaquileña. De hecho, el 5 de junio de 1895 fue declarado Jefe Supremo por los poderosos hacendados guayaquileños, quienes financiaron la guerrilla que subió hasta la sierra ganando, hoya por hoya, el terreno a los conservadores, hasta llegar a Quito.
Desde luego, Alfaro no era católico. Ni era conservador.
Debiera estudiarse más la ideología de Alfaro para encontrar algunas similitudes/diferencias con el régimen actual.
Correa repite muy a menudo que su gobierno es el de la Revolución Ciudadana (=es revolucionario) y repite, también, que es un gobierno profundamente nacionalista. De hecho, no necesitaría decirlo, pues todos los eslógans que ha usado aluden al sentimiento de patriotismo: “Pasión por la Patria”, “La Patria ya es de todos”, etc.
¿Quién usaba los adjetivos “nacionalista” y “revolucionario” para definir a su gobierno?

Acertaron: el general Guillermo Rodríguez Lara.
Rodríguez gobernó Ecuador desde el carnaval de 1972 hasta enero de 1976. Al asumir el mando, dijo que sería irresponsable dejar que la riqueza petrolera (faltaban meses para el boom) sea gastada por el populista Velasco quien, para colmo de males, iba luego a entregar el poder al “libanés” Assad Bucaram.
Hace un par de semanas, el periodista Byron Rodríguez (pariente del ex dictador) publicó la novela “La Guerra de la Funeraria” (lo estoy leyendo, pero los detalles de su lanzamiento están en el blog de Eduardo Varas). Algunos fragmentos del libro de Rodríguez confirman la versión que recogió la historia:
Pag. 26:
“A través de un enlace radial, con Radio Nacional de matriz, Rodríguez anunció a la nación que el ex Presidente no debía seguir porque era la cabeza de un club oligárquico. Ellos pagaban las campañas políticas de El Profeta, quien siempre amenazaba con triturar “a la oligarquía y a los comunistoides de mente ratonil”. En el club había descendientes de libaneses asentados en Guayaquil, desde pirncipios del siglo XX, y ganaderos serranos.”
La política keynesiana de Rodríguez y la época en que gobernó lo hacen muy parecido al egipcio Nasser y al peruano Velasco Alvarado. Ambos mandatarios extranjeros proclamaban también el nacionalismo y la revolución, en sus respectivos países. Sin embargo, parece que la vocación estadista de Rodríguez fue inspirada por otro militar-gobernante:
Pág. 50
“…el general vislumbró claramente su destino una noche en la que conoció al general Juan Domingo Perón en Buenos Aires. Todavía era capitán, alumno de la Escuela de Ingenieros Militares de Argentina. Aquella noche de 1951 percibió una señal para comprender el rumbo de su vida. Perón entró al gran salón de recepciones de la escuela y saludó uno por uno a los 27 oficiales de los ejércitos latinoamericanos. El capitán nunca olvidó una frase con la cual Perón cerró su discurso: “Ustedes son la reserva moral de vuestras naciones y algún día, quién sabe, quizás serán sus conductores”. Perón, alto y marcial, departía con los alumnos militares mientras bebía champaña. Les dijo que el rigor y la disciplina son la claver para avanzar al progreso, para dejar de ser las repúblicas de cartón aún cobijadas en la larga noche colonial.“
Como recordarán, Correa es fiel admirador de los esposos Kirchner, peronistas de centro-izquierda.
En fin, lectura recomendable. Especialmente para darnos cuenta -los jóvenes- cuánto cambió nuestro país en pocos años: hace apenas 30 años Quito sólo llegaba hasta la Av. Orellana.
Pero de regreso a la comparación, de ambos gobernantes han salido ideas como: sembrar el petróleo, planes quinquenales, Estado empresario, unirse a la OPEP, etc. No hay a dónde irse: Correíta es el nuevo Bombita.
3. Ulises Analuisa
Aquí viene la parte en que hablo del casi-golpe de la Funeraria.
Hace más o menos un mes me encontré con mi profesor de Economía en el Colegio. El economista Analuisa me convenció -cuando estaba en el colegio- de no hacerme economista: él tenía una visión de izquierda y así nos enseñó la economía, así que yo pensé: “los economistas deben pasar muy infelices viendo la realidad con ese punto de vista”. Así que preferí no hacerme economista, para ser feliz.
En clases del colegio, el profesor dijo que la crisis ecuatoriana se debe al incremento exagerado de la deuda externa. Los que iniciaron el endeudamiento a gran escala fueron los dictadores del Consejo Supremo de Gobierno (el triunvirato que sucedió a Rodríguez). En esos años, el profesor nos contó que el Ministro de Finanzas responsable de semejantes decisiones fue Santiago Sevilla, quien en mis años de colegio daba comentarios económicos en Teleamazonas (el empleo que luego tomarían Pablo Lucio-Paredes y Vicente Albornoz).
Esta última vez que me encontré con el Ec. Analuisa, él me dijo que veía al proceso actual como una ruptura completa: según él, los banqueros estuvieron detras de cada uno de los gobiernos desde el triunvirato de 1976 (salvo Roldós) y, de ese modo, la disputa entre políticos en los últimos años no ha sido más que el reflejo de cuál banco tiene preminencia en las decisiones públicas. Si esta teoría fuera cierto, la “partidocracia” no sería más que una imagen externa de una verdadera “bancocracia”.
Cuento esto para ver que, aunque Rodríguez Lara fue de izquierda, los militares que lo sucedieron fueron de derecha. Es decir, entre los militares había dos visiones políticas. Eso explica también la intentona golpista de González Alvear en la denominada “guerra de la funeraria”. Es muy triste que un hecho histórico termine teniendo nombre de anécdota, porque confunde y no nos permite entender lo que había detrás: debiera llamarse “golpe para instalar una dictadura de derecha”. Algo que, después de todo, habría de lograrse cuando el triunvirato dispuso que Rodríguez pase al servicio pasivo.
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