Nacionalista y Revolucionario

Escrito por: david8a

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1. Teodoro Bustamante

Ciertas revistas de prensa rosa intentan dar algún contenido pseudo-serio para darle a sus lectores pretexto para comprarla (aparte de buscarse en las fotos de la sección social). En esta ocasión, la Revista Cosas intenta cubrir su falta de credibilidad con una entrevista a Teodoro Bustamante, profesor de la FLACSO.

El profesor Bustamante califica al gobierno de Correa como el sexto velasquismo, pero con plata.

La entrevista desarrolla, básicamente, los siguientes puntos en común entre los dos personajes/gobiernos:

  • Ambos líderes fueron académicos de la capital, pero su base electoral son los pobres (la “chusma”).
  • En ambos gobiernos hay prácticas populistas.
  • En ambos gobiernos falta planificación coherente.
  • Ambos gobernantes carecen de solidez ideológica.

Yo discrepo con la tesis de Bustamante Ponce, en primer lugar, Correa puede ser cualquier cosa, pero no es ideológicamente indefinido: él es de izquierda conservadora: cree que el Estado debe tener un rol importante en la economía del país (eso es izquierda) y cree que el Estado debe tener poder sobre decisiones sociales de la persona (eso es ser conservador).

Correa ha sido consistente: su gobierno ha aplicado siempre políticas de izquierda conservadora. Velasco Ibarra, por otro lado, siempre fue indefinido ideológicamente. Su ideología era ser populista, lo que quiera que esto fuese. Por ello, Velasco fustigaba por igual a la oligarquía y a los “comunistoides”.

En segundo lugar, Correa sí cree en la planificación. El gobierno actual es el primero que ha presentado un plan de desarrollo del país. El Senplades existe desde hace años pero recién en este gobierno se hace visible, de hecho, podría volverse Ministerio en un futuro próximo. En gobiernos anteriores no se tenía la percepción de que había planificación: el presidente de turno llegaba con un plan de gobierno, pero empezaba por apagar incendios, y de incendio en incendio, terminaba atrapado en las mangueras y no terminaba de ejecutar nada planificado. La última vez que sentí que alguien en el gobierno tenía un plan de desarrollo para el país fue con Alberto Dahik.

Velasco, por su parte, aunque creó la Junta de Planificación, siempre ejecutaba obras y políticas sin planificación alguna: sentía que el país necesitaba obras “de urgencia” y ejecutaba cualquier cosa (puentes, escuelas, carreteras, edificios, bancos,…) en cualquier orden. Tal vez pueda encontrarse algún simil en cómo el gobierno actual decretaba emergencias para usar fondos en varias áreas, pero esta política (dictar decretos de emergencia) no es improvisada: es parte de la planificación: el Presupuesto de 2007 fue elaborado por el gobierno de Palacio, donde se fijó un precio del petróleo muy bajo. Por ello, las emergencias buscan usar fondos que, de otro modo, estaban destinados al pre-pago de deuda externa.

Tercero. Aunque puede encontrarse prácticas populistas en ambos gobiernos, es claro que mientras para Velasco el populismo era el centro de su ideario, para Correa es un medio para permanecer popular y lograr, de ese modo, que se apruebe la transformación legal que requiere su plan. Es decir: para uno el populismo era el fin y para el otro es un medio.

2. Byron Rodríguez

Si Correa no se parece a Velasco, ¿Será que se parece a Alfaro? Por más que el Presidente insista, a mí no me parece “alfarista” su gobierno. Por ejemplo, Alfaro no le tuvo miedo a contratar a un extranjero (Archer Harman, EE.UU.) para que encuentre financiamiento y construya el tren Quito-Guayaquil. Correa, en cambio, se asusta ver a canadienses haciendo un aeropuerto para Quito: el presidente cree que ha habido un atraco porque los constructores van a lucrar con la obra, creyendo que sería mejor que el aeropuerto lo construya el Estado, el cual no lucra.

Si pudiera, le recordara al Presidente que el ferrocarril intentó construirse desde la época de García Moreno y sólo fue posible cuando entró la inversion y organización de un inteligente extranjero que, por supuesto, lucró después con el tren (el tren Quito-Guayaquil funcionó de maravilla hasta que fue “estatizado”).

Alfaro no criticaba a la oligarquía guayaquileña. De hecho, el 5 de junio de 1895 fue declarado Jefe Supremo por los poderosos hacendados guayaquileños, quienes financiaron la guerrilla que subió hasta la sierra ganando, hoya por hoya, el terreno a los conservadores, hasta llegar a Quito.

Desde luego, Alfaro no era católico. Ni era conservador.

Debiera estudiarse más la ideología de Alfaro para encontrar algunas similitudes/diferencias con el régimen actual.

Correa repite muy a menudo que su gobierno es el de la Revolución Ciudadana (=es revolucionario) y repite, también, que es un gobierno profundamente nacionalista. De hecho, no necesitaría decirlo, pues todos los eslógans que ha usado aluden al sentimiento de patriotismo: “Pasión por la Patria”, “La Patria ya es de todos”, etc.

¿Quién usaba los adjetivos “nacionalista” y “revolucionario” para definir a su gobierno?

Rodr�guez Lara

Acertaron: el general Guillermo Rodríguez Lara.

Rodríguez gobernó Ecuador desde el carnaval de 1972 hasta enero de 1976. Al asumir el mando, dijo que sería irresponsable dejar que la riqueza petrolera (faltaban meses para el boom) sea gastada por el populista Velasco quien, para colmo de males, iba luego a entregar el poder al “libanés” Assad Bucaram.

Hace un par de semanas, el periodista Byron Rodríguez (pariente del ex dictador) publicó la novela “La Guerra de la Funeraria” (lo estoy leyendo, pero los detalles de su lanzamiento están en el blog de Eduardo Varas). Algunos fragmentos del libro de Rodríguez confirman la versión que recogió la historia:

Pag. 26:

“A través de un enlace radial, con Radio Nacional de matriz, Rodríguez anunció a la nación que el ex Presidente no debía seguir porque era la cabeza de un club oligárquico. Ellos pagaban las campañas políticas de El Profeta, quien siempre amenazaba con triturar “a la oligarquía y a los comunistoides de mente ratonil”. En el club había descendientes de libaneses asentados en Guayaquil, desde pirncipios del siglo XX, y ganaderos serranos.”

La política keynesiana de Rodríguez y la época en que gobernó lo hacen muy parecido al egipcio Nasser y al peruano Velasco Alvarado. Ambos mandatarios extranjeros proclamaban también el nacionalismo y la revolución, en sus respectivos países. Sin embargo, parece que la vocación estadista de Rodríguez fue inspirada por otro militar-gobernante:

Pág. 50

“…el general vislumbró claramente su destino una noche en la que conoció al general Juan Domingo Perón en Buenos Aires. Todavía era capitán, alumno de la Escuela de Ingenieros Militares de Argentina. Aquella noche de 1951 percibió una señal para comprender el rumbo de su vida. Perón entró al gran salón de recepciones de la escuela y saludó uno por uno a los 27 oficiales de los ejércitos latinoamericanos. El capitán nunca olvidó una frase con la cual Perón cerró su discurso: “Ustedes son la reserva moral de vuestras naciones y algún día, quién sabe, quizás serán sus conductores”. Perón, alto y marcial, departía con los alumnos militares mientras bebía champaña. Les dijo que el rigor y la disciplina son la claver para avanzar al progreso, para dejar de ser las repúblicas de cartón aún cobijadas en la larga noche colonial.

Como recordarán, Correa es fiel admirador de los esposos Kirchner, peronistas de centro-izquierda.

En fin, lectura recomendable. Especialmente para darnos cuenta -los jóvenes- cuánto cambió nuestro país en pocos años: hace apenas 30 años Quito sólo llegaba hasta la Av. Orellana.

Pero de regreso a la comparación, de ambos gobernantes han salido ideas como: sembrar el petróleo, planes quinquenales, Estado empresario, unirse a la OPEP, etc. No hay a dónde irse: Correíta es el nuevo Bombita.

3. Ulises Analuisa

Aquí viene la parte en que hablo del casi-golpe de la Funeraria.

Hace más o menos un mes me encontré con mi profesor de Economía en el Colegio. El economista Analuisa me convenció -cuando estaba en el colegio- de no hacerme economista: él tenía una visión de izquierda y así nos enseñó la economía, así que yo pensé: “los economistas deben pasar muy infelices viendo la realidad con ese punto de vista”. Así que preferí no hacerme economista, para ser feliz.

En clases del colegio, el profesor dijo que la crisis ecuatoriana se debe al incremento exagerado de la deuda externa. Los que iniciaron el endeudamiento a gran escala fueron los dictadores del Consejo Supremo de Gobierno (el triunvirato que sucedió a Rodríguez). En esos años, el profesor nos contó que el Ministro de Finanzas responsable de semejantes decisiones fue Santiago Sevilla, quien en mis años de colegio daba comentarios económicos en Teleamazonas (el empleo que luego tomarían Pablo Lucio-Paredes y Vicente Albornoz).

Esta última vez que me encontré con el Ec. Analuisa, él me dijo que veía al proceso actual como una ruptura completa: según él, los banqueros estuvieron detras de cada uno de los gobiernos desde el triunvirato de 1976 (salvo Roldós) y, de ese modo, la disputa entre políticos en los últimos años no ha sido más que el reflejo de cuál banco tiene preminencia en las decisiones públicas. Si esta teoría fuera cierto, la “partidocracia” no sería más que una imagen externa de una verdadera “bancocracia”.

Cuento esto para ver que, aunque Rodríguez Lara fue de izquierda, los militares que lo sucedieron fueron de derecha. Es decir, entre los militares había dos visiones políticas. Eso explica también la intentona golpista de González Alvear en la denominada “guerra de la funeraria”. Es muy triste que un hecho histórico termine teniendo nombre de anécdota, porque confunde y no nos permite entender lo que había detrás: debiera llamarse “golpe para instalar una dictadura de derecha”. Algo que, después de todo, habría de lograrse cuando el triunvirato dispuso que Rodríguez pase al servicio pasivo.

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Un Comentario a “Nacionalista y Revolucionario”

  1. felipe dice:

    La felicidad ya es de todos

    ¿Ecuador, un Estado de derecho? Con mucho esfuerzo y poco éxito se preguntan y se contestan ellos mismos, abogados y articulistas, cosa que a la gente en su mayoría le importa un comino, no sólo esas veleidades jurídicas, también le importa un comino todo lo que no esté relacionado con el objetivo fundamental de los seres humanos en estas y en otras latitudes: llenar la barriga. Da lo mismo que nos gobierne un Rey, un tirano, o un payaso, tanto, que hasta hace dos años se generalizó soterradamente la idea de que lo que convenía al país era una dictadura. “Hace falta mano dura”, decían unos, otros creían que el desorden, las mafias políticas y el atraco a los recursos públicos solo acabarían con un dictador tipo Pinochet. No llegó Pinochet ni milico alguno. Llegó Correa triunfando ampliamente sobre el tonto más rico del Ecuador, y con Correa llegó la esperanza de muchos, de los desamparados, por tener lo que nunca han tenido… ni tendrán; de los izquierdozos -la falsa izquierda holgazana, anquilosada, alcahueta de la derecha, de las políticas dadivosas, desmovilizadoras y desorganizadoras del régimen-, que suspiraban por un gobierno en donde como corresponde, una de las tetas de la madre patria serviría para amamantarlos. También cifraron su esperanza en la “revolución ciudadana” las logias de feministas momificadas que por siempre, entre copas, cigarro y otros vicios femeninos, se apropiaron de organismos dizque de defensa de los derechos de las mujeres y de los niños. Indios y negros pensaron que por arte de magia, Correa haría realidad su ilusión de ser integrados a la sociedad con plenos derechos -como si los plenos derechos no pasaran de ser un invento de algún trasnochado al que se le ocurrió en algún momento enlistarlos para rellenar la Constitución, o de algún polítiquero en busca de votos- Los dirigentes de organizaciones sociales, de derechos humanos, de trabajadores, etc, se veían accediendo a puestos públicos importantes, con carro, chofer y secretaria incluida, claro que la secretaría la pondrían ellos porque la cuestión no es simplemente tener secretaria, sino “la secretaria” que cumpla el perfil deseado y los antojos del jefe; por qué no algún Ministerio, alguna que otra Institución de relevancia, consulados, embajadas, acaso tantos años de repetir el mismo catecismo no los hace merecedores? Los ecologistas creyeron –como no iban a creer si hasta en el color se identificaban- que solo era cuestión de tiempo para que por decreto se declare al Ecuador santuario ecológico universal. Varios curas pensaron que el Señor misericordioso, en sueños, que es una de las formas misteriosas en que suele manifestarse, les ordenaba apoyar al que se declaraba seguidor de los obispos Proaño y Cámara. Politólogos, sociólogos y antropólogos, a quienes las clases dominantes confinaron en la Universidad Andina, la Flacso, o alguna ONG, apostaron por su compañero de academia, por el amigo y defensor de la democracia, de la libertad de pensamiento, de la libre expresión, de la confrontación de ideas. Se desempolvaron cánticos y cantantes. Se pusieron de moda canciones ya olvidadas, también los pasillos y sobre todo, los himnos, esos que a punta de golpes aprendimos en la escuela. El país renacía, levantábase de las cenizas, y con el verde esperanza de las banderas de “Acuerdo País”, el futuro se iluminaba.

    Después de dos años de gobierno de la “revolución ciudadana”, todavía se oyen algunos cánticos, de vez en cuando Correa, entre guatitas y caldo de manguera, en alguna ramada del suburbio nos deleita con alguno que otro pasillo; el “patria tierra sagrada” se convirtió en ring tone. Los desamparados siguen esperando, como esperan desde la aparición de la humanidad. Si Dios que es todopoderoso no ha escuchado los millones de oraciones y rezos que a diario, millones de hambrientos elevan al cielo, qué puede hacer Correa con los nuestros, si él -aunque aspirante a la inmortalidad- no tiene más que los plenos poderes de que se ha investido, que a más de permitirle hacer y deshacer con las instituciones del país, no le sirven para multiplicar peces, panes ni vino. A los indios les dijeron que les vaya bonito, y se fueron con el rabo entre las piernas; los izquierdozos, loras oportunistas que entre discursos arcaicos y amenazas de paros y huelgas han usufructazo de los gobiernos de turno, ahora, acorralados por el escándalo chauvingate y desbaratado el vínculo con las FARC, agazapados, esperan la indulgencia del supremo. Correa que de “gil” no tiene nada y sabiendo que quitado el “respaldo” militar se caen los presidentes, aseguró ese respaldo poniéndolos a cargo de los negocios de Petroecuador y de la construcción de carreteras, y para facilitarles la tarea instauró los estados de emergencia ad eternum. En cambio, a pensionistas y aportantes del IESS les quitó 1.200 millones de dólares que servirán para financiar las campañas -la actual y las que vendrán, porque están locos si creen que está será la última en la época Correa-, así como los subsidios con que se compra el voto de la miseria; y como dicen: “preso por cien, preso por mil”, con la complicidad de Ramiro González y de 43 tartufos apoltronados en ese cenáculo vergonzoso llamado “congresillo” -por lo minúsculo, insignificante, subordinado, dócil, opaco, etc., y por tanto, sobrepagado- el supremo va por todo, disfrazando el abordaje con la creación del Banco del Afiliado. Lamento decirles que muy a nuestro pesar, la lógica del ambicioso Correa es correcta, los militares tienen armas, tanques y aviones; los jubilados tienen tos, diabetes, prostatitis, sordera y otros achaques que no sirven sino para llenar los hospitales. A los ecologistas observadores de pajaritos les dio “yuca”, tubérculo almidonoso, dieta de indios orientales y montubios del llano, adicionalmente les chantaron una nueva Ley Minera y de yapa le quitaron la personería a Acción Ecológica, Fundación pelucona a decir del supremo. A sociólogos, politólogos y antropólogos que apostaban por el fortalecimiento de la democracia, no les dio yuca, pero sí una lección de maniqueísmo. Para justificar su intolerancia, atropello a las leyes, apropiación de poderes, desprecio a todo lo instituido y práctica clientelar, se inventó categorías que éstos ni conocían: la partidocracia y la pelucocracia; dividió al país entre buenos, los que están con él, y malos, la “prensa corrupta”, la “banca corrupta”, los indios, la “izquierda infantil”, los “pelucones”, los que lo cuestionan.

    Al final, y contrario a lo que dicen las encuestas de la SENPLADES, los únicos felices con el Gobierno de la Revolución Ciudadana son los íntimos de su majestad, aquellos que a punta de adulos, de bajar el morrillo, o levantar la mano cada vez que les ordena, se han ganado el privilegio de pisar el templo, comer torta y beber las dulces mieses del poder. También deben estar felices varias decenas de funcionarios a cargo de algunas instituciones, que entre carajazos y con un estrés del San Flautas, digno de gato en jaula de perros, atropellando la ley o haciéndose los locos, cumplen torpe, obedientemente, las órdenes del supremo. Claro que como no son bomberos, se enredan y se pisan las mangueras, se miran de reojo, se cuidan la espalda, se aseguran que no hayan cámaras o micrófonos. Para que sus correos no sean violados crean cuentas de correos electrónicos en los humildes hotmail o yahoo, con humildes seudónimos como “Juan” o “Nacho”. Jamás dan la cara ante terceros, para eso tienen “hombres de confianza”, emisarios y negociadores; en fin, como se ve, tampoco es que todo sea color de rosa, es duro ganarse la vida. Y si ya es complicado cuidarse de los amigos, imagínense de los recaudos que deben tomar frente a los enemigos.

    Sobre la pregunta inicial mejor dejemos que Fabián Corral y otros articulistas sigan intentando descifrar el embrollo jurídico, y si él no lo hace, ya veremos quien.

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