Entrevista a César Montúfar
Lunes Mayo 28th 2007, 18:24
Guardado en: Asamblea Constituyente, Constitución, Reforma Política, Acuerdos
Escrito por: César Montúfar

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El origen de la fortuna de Fidel Egas se remonta a la crisis del Banco de Colombia, en 1984, cuando ese país era gobernado por el presidente conservador Belisario Betancur. Acusado de haber incurrido sistemáticamente en autopréstamos y otras prácticas de nula transparencia, el presidente del Banco de Colombia, Jaime Michelsen, se dio a la fuga refugiándose en Panamá. Michelsen controlaba la operación de la tarjeta Diners Club en Ecuador, en la cual era socio minoritario Fidel Egas. Aquella historia invirtió el peso específico de ambos: Egas le dio refugio en sus empresas a varios miembros del directorio del Banco de Colombia que se fugaron con Michelsen, y a la vez pasó a ser socio mayoritario de Diners Ecuador adquiriendo las acciones que hasta entonces pertenecían al Grupo Grancolombiano de Michelsen.

Borja puso en manos de Egas la Reserva Monetaria Internacional (RMI) del Ecuador. Flor de empujón.

Para entender cabalmente la jugada es preciso retroceder seis años más, hasta el 11 de junio de 1982, cuando en las Malvinas las tropas argentinas ofrecían una resistencia desesperada al desembarco británico. Ese día, el gobierno del presidente Hurtado autorizó al Banco del Pichincha CA a invertir hasta un millón de dólares en la creación de un banco con sede en Nassau, Bahamas. Fue la partida de nacimiento del minúsculo Pichincha Ltd.

Regresamos a los comienzos de 1989, cuando el gobierno de Raúl Alfonsín agonizaba en medio de hiperinflaciones y saqueos. En Ecuador, el presidente Borja, y Pachano, su cerebro financiero, facilitaban la conversión del país en un Lave-rap de dólares de cualquier procedencia.

El Banco Central del Ecuador depositó en el banquito de Nassau 38,7 millones de dólares, y al año siguiente una nueva remesa de 47,8. En total 86,5 millones de la RMI, es decir, del erario público.

Una reserva trabajosamente reconstituida. Aunque Febres Cordero aseguró haberle traspasado a Borja una RIM de 57 millones de dólares junto con la banda presidencial, Borja dijo que no encontró un solo dólar de reserva sino, por el contrario, una deuda de 320 millones. En cualquier caso, los sucesivos ajustes económicos del 30 de agosto y del 30 de diciembre de 1988 habrán permitido reconstruirla, puesto que fue el propio Borja quien anunció a fines de ese año que la RIM tenía alrededor de cien millones de dólares.

La decisión de depositar la parte del león de esta reserva en el banquito de las Bahamas no parece que haya sido tomada de apuro en el cónclave de Borja, Pachano, Morillo y Gallardo, tal como asegura la Historia Oficial. Al menos, el banquito devengaría intereses por el primer depósito desde casi una semana antes de que se celebrara.
Para entonces, Fidel Egas y sus cómplices habían consumado la jugada. Gracias al dinero de todos los ecuatorianos, habían conseguido hacerse con el control del Banco del Pichincha CA y, en un mismo acto de magia, lo habían saneado.

En efecto, tan pronto recibió el dinero de la RMI del Banco Central del Ecuador, el banquito de Bahamas puso un plazo fijo de 45 millones en otro banco, lo que le iba a suponer una ganancia por intereses de unos 9 millones de dólares. Seguidamente, le prestó 10.724.178 dólares al 8,9 por ciento de interés anual a sociedades vinculadas a miembros del bloque de accionistas del Banco del Pichincha de Quito.

El bloque encabezado por Fidel Egas como presidente del directorio, era secundado por el gerente general Jaime Acosta Velasco (también ex presidente de la Junta Monetaria) y por su hijo Antonio Acosta Espinosa, que heredó aquella gerencia general que desempeña hasta hoy. Egas y sus acólitos utilizaron el crédito para comprar diez millones de acciones del Banco del Pichincha CA. Un círculo virtuoso.

El banquito de las Bahamas otorgó un segundo crédito de 47,8 millones -en rigor, un autopréstamo a su casa matriz de Quito- el 19 de junio de 1991. El dinero fue repartido en una serie de créditos a largo plazo y prácticamente sin intereses, a Egas y sus aliados Jaime Acosta Velasco, Antonio Acosta y Alberto Acosta Velasco (jefe del Departamento Legal de la Superintendencia de Bancos y, por lo tanto, el responsable de impedir que se infringieran las leyes que rigen las actividades financieras) y a un grupo de firmas cuyos titulares eran testaferros de aquellos. De este modo se compró el 44,46 por ciento de las acciones del Banco del Pichincha, lo que le permitió a Egas y los Acosta hacerse con su control sin haber puesto ni un solo dólar ni un sucre de su bolsillo.

Este autopréstamo de “plata dulce” (tan pero tan dulce como que era ajena) fue otorgado -es bueno subrayar- al 2 por ciento de interés anual y a un plazo de 22 años… a un solo pago, esto es, en condiciones insólitas, que sólo puede conceder el Banco Mundial al más paupérrimo de los estados africanos para financiar proyectos tan vitales como potabilizar agua.

http://www.causapopular.com.ar/article1363.html

Comentario por don fide 09.18.07 @ 15:20



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