Guardado en: Asamblea Constituyente, Constitución, Reforma Política, Acuerdos
Escrito por: César Montúfar
1 comentario
1 comentarioHoy, Viernes 13 de Abril del 2007 participó Benjamín Rosales en Contacto Directo. Aquí un extracto de la entrevista.
Considerando que es muy probable la aprobación mayoritaria a favor de una Asamblea Nacional en la consulta popular que se realizará en las próximas semanas, es tema de debate si la misma debe tener plenos poderes o no. De esta definición dependerá en gran parte el éxito o fracaso del trabajo constitucional de esta nueva Asamblea cuyo principal objetivo será realizar cambios fundamentales que fortalezcan la democracia y sus instituciones y crear herramientas que permitan combatir con eficiencia la corrupción.
Para lograr ese propósito, los asambleístas deberán actuar con sabiduría, dialogar con mesura y afán de concertación para responder las expectativas ciudadanas. Eso no podrá ocurrir si
la Asamblea envía a los congresistas a su casa y asume su trabajo. Tendrían los asambleístas que preocuparse de atender las necesidades legales del momento, asumir responsabilidades en emergencias y del presupuesto, fiscalizar a funcionarios públicos y realizar los requerimientos políticos propios de esa fundamental función estatal. Fácilmente se convertiría en un clon del Congreso actual y no pudiera realizar efectivamente el trascendental trabajo constitucional que la nación requiere.
Una Asamblea Nacional tiene por definición plenos poderes y la que se avecina los debe tener para adecuar algunas leyes orgánicas con los cambios constitucionales que realizará. Si se determina el establecimiento de distritos electorales para que la elección de congresistas y consejeros sea representativa de la ciudadanía, por ejemplo, deberá dictarse una ley especial; si se aprueba la democratización de organizaciones políticas, deberá reformarse la ley de elecciones y partidos políticos, esto es importante para poder aplicar los cambios de inmediato evitando que el Congreso se demore años en hacerlo, precisamente por necesidades políticas coyunturales que sin duda se presentarán.
Si
la Asamblea va a tener éxito construyendo un marco constitucional que fortalezca la democracia instituyendo la estabilidad política necesaria para el desarrollo económico de la nación, no puede pretender cambiar jueces o destituir diputados ni al Presidente que han sido elegidos constitucionalmente. El Ecuador no comenzará con esta Asamblea; somos una nación jurídicamente constituida hace casi ciento ochenta años y esa realidad histórica no la cambiará
la Constituyente. Debemos seguir funcionando bajo la actual constitución mientras no sea aprobada por referéndum una nueva, recién entonces, si cambia el sistema de elegir congresistas, se deberá convocar a elecciones para sustituirlos.
La Asamblea debe tener plenos poderes para fortalecer la democracia no para establecer una dictadura. Solo si existieran intenciones dictatoriales entre algunos que propugnan esos plenos poderes se puede entender que se pretenda que
la Asamblea sustituya al Congreso en sus atribuciones, lo lógico sería que se restringa las funciones de éste de tal manera que no se inmiscuya en cambios a leyes fundamentales, las que deberán hacerse luego de las reformas constitucionales.
Frase resaltada:
La Asamblea debe tener plenos poderes para fortalecer la democracia no para establecer una dictadura
Benjamín Rosales
Se avizora que el año que iniciamos será uno de grandes cambios políticos en el Ecuador. Ya sea el Congreso o más probable una Asamblea Nacional, deberá realizar reformas constitucionales que son necesarias para fortalecer la democracia en el Ecuador. Los cambios más reclamados son: voto voluntario para que se respete la libertad individual, elecciones pluripersonales por distritos para eliminar la poco democrática plancha, autonomías regionales y fortalecimiento municipal para servir mejor a los ciudadanos, despartidización de cortes, tribunales y organismos de control para disminuir la corrupción y democratización de partidos para acabar con caciques políticos y sus avasallados seguidores.
Lo más importante y lo más difícil es seguramente esto último porque implica un cambio radical en la cultura política ecuatoriana. Sin verdaderos partidos en los que se respete la opinión individual, se toleren discrepancias y se practique internamente la democracia, no alcanzaremos la madurez política necesaria para lograr estabilidad que permita el desarrollo social y económico del país.
Si nuestros partidos fueran democráticos, eficaces y eficientes para impulsar el bienestar ciudadano, no necesitaríamos sino dos o tres agrupaciones, puesto que no hay más que esas diferentes tendencias políticas. En Ecuador lo que en realidad existe son organizaciones populistas que responden a personas o pequeños grupos, y otros que se iniciaron con base ideológica y espíritu democrático y luego se convirtieron en instrumento de poder personal de líderes ensimismados; pero no hay agrupaciones políticas amplias que se ocupen de capacitar a sus afiliados y estudiar los problemas nacionales para encontrar bienestar y prosperidad para los ciudadanos.
La construcción de verdaderos partidos es una necesidad democrática del Ecuador y de otros países latinoamericanos que sufren esta misma falencia y no es una tarea fácil puesto que no sólo implica cambios en disposiciones constitucionales o legales sino en la cultura misma de líderes y ciudadanos. El individualismo tiene raíces profundas por lo que es difícil para muchos aceptar liderazgos colectivos, los más jóvenes son más dados al trabajo en equipo pero ésta no es aún una práctica generalizada. En los partidos tradicionales se denomina Jefe Supremo al Director, este nombre se presta para actitudes autoritarias; no existe la costumbre de elegir democráticamente a dirigentes y candidatos sino que el mandato del líder y componendas internas resuelven quienes son los asignados.
Si queremos fortalecer la democracia, lograr estabilidad política nacional y enrumbar el desarrollo social y económico del país debemos cambiar nuestra cultura política, eso es tanto o más importante que los cambios constitucionales que el Congreso o la Asamblea Nacional deberán realizar en el 2007.
Frase resaltada:
Sin verdaderos partidos no alcanzaremos la madurez política que permita el desarrollo social y económico
Cambios en Cultura Politica Publicado en diario el Comercio 30-12-2006