Noboa: Trabajo infantil y represión antisindical


Escrito por: Edwin Lukcio 28 06 2007

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Tomado de: http://ecuador.indymedia.org/es

El imperio del “Rey del Banano” está basado en el trabajo forzado a menores de edad, las imágenes que utilizan los grandes consorcios fruteros para comercializar sus productos son sonrientes, evocan alegría tropical. Pero las condiciones laborales bajo las cuales se producen parecen más un infierno tropical.

Extenuantes jornadas laborales de doce horas bajo el sol; manejo de pesticidas sin los instrumentos más elementales de protección; jaleo de las pesadas pencas de plátanos más de un kilómetro a las plantas empacadoras.

El agua disponible viene de pozos altamente contaminados, causando fuertes dolores gastrointestinales y diarrea. Y lo más escandaloso: nos referimos aquí al trabajo matador que realizan niños, de entre ocho y catorce años de edad, en las fincas bananeras de Ecuador.

Para todo esto reciben, en el mejor de los casos, la paga de poco más de tres dólares por día, si es que le pagan del todo. ¿El nombre del mayor explotador de este trabajo infantil? Álvaro Noboa Pontón, el “rey del banano,” el hombre más rico del país y candidato presidencial perdedor en las recientes elecciones.

En abril del año pasado, la organización de derechos humanos Human Rights Watch publicó un detallado informe sobre las condiciones de los niños en las plantaciones plataneras de Ecuador. Son ellos que con su “dedos ágiles” ponen las estampillas con las etiquetas de las marcas en la fruta; que cubren a las plantas de plátano con plásticos tratados con insecticida, que rocían con funguicidas los bananos que serán transportados.

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Y para jalar las pencas (que pesan unos 50 kg. o más) utilizan un sistema de cables, poniéndoles a los niños una especie de harnés de tiro, como a los bueyes de tiro. Los espantosos testimonios soltaron un revuelo en los diarios internacionales. Resulta que entre las comercializadoras se cuentan grandes empresas norteamericanas como la Dole y Del Monte.

Los adultos sólo ganan cinco dólares diarios, unos US$125 al mes, menos que el mísero “sueldo mínimo vital”, con el cual no se puede vivir, ni siquiera en una zona rural. (Las cifras gubernamentales constan de que para mantener una familia, el costo de la canasta de productos básicos es US$288 al mes.)

Lo que urge para combatir el pavoroso flagelo del trabajo infantil en las plantaciones bananeras es una dura lucha clasista por sindicalizar a los trabajadores y subir drásticamente sus sueldos.

En efecto, una campaña de sindicalización de las bananeras ecuatorianas está en curso, y ha producido dramáticos enfrentamientos sangrientos, aunque esto ha despertado poco interés en la prensa capitalista. El 25 de febrero de 2002, más de 1.400 trabajadores de varias plantaciones pertenecientes a Álvaro Noboa hicieron un paro laboral. Comenzaron a sindicalizarse bajo la égida de FENACLE (Federación Nacional de Indígenas y Campesinos Libres de Ecuador), organización que agrupa trabajadores agrícolas, campesinos organizados en cooperativas e indígenas en sus comunas.

La respuesta de Noboa fue de despedir a más de 120 trabajadores y activistas sindicales. Sin embargo, después de que el Ministerio del Trabajo fallara en abril a favor de los sindicatos formados por los trabajadores, éstos volvieron a la carga. El 6 de mayo, decretaron la huelga y tomaron las instalaciones de la finca de Los Álamos en protesta por el despido de sus dirigentes.

La réplica de Noboa no se hizo esperar. En la madrugada del 16 de mayo, llegaron varios centenares de hombres armados y encapuchados para recuperar las fincas ocupadas por los huelguistas. Los elementos de este ejército privado de guardias blancos soltaron una ráfaga de sus fusiles, hiriendo de bala a una decena de trabajadores, uno de los cuales perdió la pierna como consecuencia.

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Un informe de lo acontecido relata:

“Abrieron las puertas a culatazos, sacaron a los trabajadores de sus camas, arrastrándolos y golpeándolos. Los arrastraron semidesnudos … los llevaron en camiones a la oficina de la radio donde fueron obligados a colocarse boca abajo con las manos en la espalda. Fueron insultados y golpeados y les decían que los matarían y sus cuerpos arrojados al río.”

En la campaña presidencial, el magnate bananero dijo ser “un rico que ama a los pobres”. Luego, en una entrevista con una delegación del United States Labor Education and Action Project (US/LEAP) que incluyó a varios asistentes de congresistas demócratas, Noboa afirmó “No quiero a los sindicatos. Combatiré a los sindicatos.”

Desde hace más de medio siglo Ecuador ha sido el principal exportador mundial de plátano. Hoy en día, la cuarta parte de los plátanos que se consumen en Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea proviene de las plantaciones bananeras ubicadas a lo largo de la costa ecuatoriana.

El que Ecuador sea el exportador número uno de plátanos a nivel mundial no es una casualidad. En los años 70, los intentos de sindicalización por parte de los trabajadores plataneros fueron sistemáticamente aplastados. De más está decir que las condiciones laborales que enfrentan los trabajadores son las más duras de la región.

Íñigo Herráiz de la Agencia de Información Solidaria anota que apenas el 1 por ciento de los trabajadores ecuatorianos del ramo pertenece a una organización sindical, mientras que en Colombia y Panamá el índice de sindicalización se aproxima al 90 por ciento, y en Guatemala se sitúa en torno al 40 por ciento.

Una exitosa lucha por la sindicalización de las plantaciones será una verdadera guerra de clases. Además de la represión abierta, Noboa ha creado un “comité alternativo”, o sea un “sindicato” blanco, patronal. Los trabajadores de Los Álamos no se han dejado amedrentar y han continuado con su lucha. Su determinación ha hecho que Noboa haya cedido ante algunas demandas, como la reinstalación de los despedidos, aunque sigue negándose terminantemente a firma una contratación colectiva con el sindicato.

Esta perspectiva requiere de una dirección revolucionaria que lucha contra el nacionalismo y toda forma de colaboración de clases. Hay que romper con todos los políticos burgueses para forjar un partido obrero revolucionario e internacionalista. A final de cuentas, la satisfacción de las demandas de los trabajadores del campo (como la supresión del trabajo infantil y el fin de la miseria en que han vivido durante siglos) requiere la acción revolucionaria de un gobierno obrero y campesino. Tal gobierno se verá obligado desde el principio a adoptar medidas eminentemente socialistas, expropiando la burguesía como clase y extendiendo la revolución tanto a los países industrializados de América Latina como Brasil y Argentina al sur y México al norte, y a las entrañas mismas del imperialismo yanqui, donde los obreros norteamericano golpearán a los pulpos fruteros en su corazón.






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