La culpa es de otros - Pajaro Febres Cordero
Escrito por: Guayaco 29 08 2008
MAESTRO PAJARO MAESTRO.. CHEKEA BIEN ESTO Y LEELO CON ATENCION
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Justo. Equitativo. Saludable. Además, ilustrado.
Académico. Conocedor profundo de la economía. Del derecho.
De las ciencias biológicas. Del medio ambiente. De la
ingeniería. De la pluviometría. De la cosmología. De la
gastronomía. De la teología. De la historia. Del deporte.
Un presidente que también es polígloto. Habla español,
inglés, francés, quichua (y pendejadas, si estas fueran
idioma). Tiene dinamismo. Tiene arrestos.Pero, sobre todo,
tiene la verdad. Y no solo que la tiene, sino que la verdad
le pertenece. Con semejantes atributos, los demás
no contamos. Porque podemos saber de historia, pero no de
fútbol. Podemos saber de derecho, pero no somos jóvenes.
Podemos hablar pendejadas, pero no francés. Y así. Él es
el único que reúne en sí todas las virtudes y, por eso
mismo, nunca se equivoca. Por eso, por estar
imbuido de tanta ciencia, de tanto conocimiento, de tanta
juventud, está en la obligación de corregirnos cuando
nosotros, pobres mortales, viejos chochos o jóvenes
imberbes, erramos y nos atrevemos a expresar un criterio
distinto al suyo, siempre irrebatible, siempre
incuestionable. Y entonces, con humildad, cabizbajos,
cejijuntos (pero no tanto como el ministro de Gobierno, que
ya se pasa), tenemos que reconocer que los epítetos que nos
endilga son merecidos: nos los hemos ganado por no saber lo
que él sabe, por no interpretar las cosas como él
interpreta, por no obedecer sus lineamientos, sus
directrices, por no acatar sumisamente sus sentencias.
Él, sabiéndolo todo, conociéndolo todo, nos encauza
porque, entre otros de los muchos dones que tiene, está el
de líder. Y, como líder, nos dice qué es lo que debemos
pensar y qué no. Qué es lo que debemos hacer y qué no.
Qué es lo que debemos decir y qué no. Y por eso,
por todo lo que él es, espera nuestro reconocimiento.
Nuestra adhesión. Si no la encuentra, nos castiga, nos
envilece, nos zahiere, porque estamos apartados del redil,
vamos por el mal camino, nos dirigimos por los senderos de
la perdición.La culpa, para él, es siempre de
los otros. De todos aquellos que disienten. Por eso, si son
economistas, pasan sin más trámite al rol de contadores.
Si son ricos, al de pelucones. Si periodistas, al de bestias
(salvajes o no, pero bestias, al fin), mediocres,
mentirosos, pitufos. Si jóvenes, al de majaderos. Si
compañeros de su movimiento, al de infiltrados. Si
emigrantes, al de idiotas. La lista, que puede
resultar interminable, no deja fuera a nadie que haya osado
discrepar. Y a nadie, tampoco, que haya sido sorprendido
haciendo un gesto considerado contrario a esa majestad que
él encarna: para ellos, la cárcel. Sin embargo,
hay más: ahora su guardia pretoriana apalea, patea,
pisotea. Acalla a toletazos cualquier brote de rebeldía, en
el lugar que sea. Incluso en una universidad.
Porque sí. Porque donde está el Presidente está la
razón. La culpa, como él y sus áulicos lo han demostrado
hasta el hartazgo, es de los otros.
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