Socialismo del siglo XXI - ¿Cómo será nuestro modo de vida?

28. Abril 2008 Derechos Humanos, Asamblea Constituyente, Medio Ambiente, Deberes y Derechos, Economía, Bienestar Social, Reforma Política, Ciudadanía, Acuerdos, Desarrollo, Socialismo, Social

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Socialismo del siglo XXI - ¿Cómo será nuestro modo de vida?

Por Diego Borja Cornejo
Representante a la Asamblea Constituyente
Movimiento Poder Ciudadano

Pablo Ramón, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, sino a través de la vía que facilita el internet me pregunta: ¿cómo sería nuestro modo de vida de implantarse el modelo de Dietrich?

En primer lugar, le agradezco por darme ocasión para seguir la reflexión sobre el socialismo del siglo XXI.

Quisiera situar estas ideas en dos partes: uno, lo que plantea Dietrich y que de ahí el lector pueda colegir lo que eso implicaría para nuestro modo de vida; y dos, lo que es más importante para Pablo y todos nosotros: ¿Cómo quisiéramos que sea nuestro modo de vida, el de nuestros hijos, de nuestros nietos y de los hijos de sus hijos?

En su libro, “El Socialismo del Siglo XXI”, Dietrich hace muchos planteamientos de crítica a la actual sociedad, pero yo me voy a enfocar en las propuestas. El afirma que la humanidad puede verse liberada de las principales necesidades materiales, particularmente el hambre, debido al gigantesco avance de la tecnología. Por primera vez en la historia, el ser humano puede liberarse de la escasez. Las tecnologías productivas que han desarrollado los avances científicos en campos como la microelectrónica, la microbiología y en la nanotecnología, han aumentado en grado sin precedentes la productividad del trabajo. De esta forma, existen las condiciones materiales para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas para toda la humanidad y esto se lo puede lograr al tiempo que se reduce el tiempo de trabajo necesario dedicado a la producción y se aumenta el tiempo libre de todas las personas. ¿Qué es lo que impide que esta posibilidad se haga realidad? Según Dietrich, el hecho de que las “relaciones sociales de producción” no se han alterado y la humanidad viva bajo la égida de la “explotación, la dominación y la enajenación”, características que las cumple en su totalidad el capitalismo y parcialmente –las dos últimas- el socialismo que hemos conocido.

¿Qué nos propone Dietrich? Una economía “democráticamente planificada” basada en equivalentes, cuyo componente esencial es que el salario equivalga al “tiempo de trabajo invertido, independientemente de la edad, del sexo, del estado civil, del color de la piel, de la nacionalidad, del tipo de trabajo, del esfuerzo físico, de la preparación escolar, del desgaste, de la habilidad, de la experiencia profesional, de la entrega personal al trabajo; independientemente también, de la pesadez del trabajo y de los peligros que implique para la salud. En pocas palabras: el salario equivale directa y absolutamente al tiempo laborado”. Una democracia directa ya que, a decir de Dietrich, “las grandes banderas de lucha política del siglo XXI sólo pueden ser la democracia participativa y la justicia social”. La democracia, sin embargo, deberá incorporar tres dimensiones: “social, entendida como la calidad de vida material; formal, definida como el conjunto de determinadas reglas generales de poderes, derechos y obligaciones de las diversas entidades que componen el sistema; participativa, entendida como la decisión real de los asuntos públicos trascendentales por parte de las mayorías de la sociedad, con la debida protección de las minorías”. Un Sujeto racional ético – estético que surgirá, según Dietrich, cuando se instaure el sistema de planificación de equivalencias y se ocasionen cambios tan profundos en la manera de pensar y actuar de las personas. El sujeto, dice Dietrich, “encontrará en la democracia real un entorno para desarrollar en plenitud sus capacidades racionales (ciencia), morales (ética) y estéticas (arte). Superada la división entre el trabajo intelectual y manual; abolido el yugo extenuante y brutalizador de la plusvalía; vencida la discriminación de colores, sexo e ingreso y franqueado el abismo entre campo y ciudad, el ser humano se realizará en las tres fuentes de nuestro ser: el trabajo, el eros y el saber”.

Sobre el resumen expuesto, empiezo señalando que NO creo que el modelo de Dietrich se pueda implantar, como no se ha implantado en la realidad ningún modelo teórico.
Sin embargo, de sacarse lecciones de política pública sobre los planteamientos de Dietrich, comparto con el teórico del socialismo del siglo XXI que cualquier modelo futuro de organización social tiene que ser profundamente democrático. Por eso me gusta más la formulación del Movimiento Poder Ciudadano, cuando plantea que cualquier organización social para el Ecuador y la humanidad deberá ser de democracia participativa y deliberativa. Esta necesariamente tiene que asentarse sobre el pleno respeto a la libertad de los individuos y las colectividades, el pleno acceso de los individuos a “funcionamientos”, la vida en armonía de individuos que son diferentes, por tanto la convivencia plural, la participación de los individuos y las colectividades en las decisiones políticas que afectan su vida y la capacidad y posibilidad de deliberación de los individuos y las colectividades.

Garantizado lo anterior, se incluye también espacios para el ejercicio de la representación política, bajo nuevos modos de funcionamiento de la democracia representativa, renovando drásticamente las instituciones como el Congreso, el sistema electoral y la revocatoria del mandato, el sistema de justicia, el sistema de partidos, las organizaciones gremiales y corporativas, las organizaciones sociales.

En cuanto al planteamiento de economía planificada de equivalencias, creo que sería un retroceso proponerse volver a los intercambios basados en el valor de uso y creo que no funcionaría un sistema donde se pague un salario que equivalga “directa y absolutamente al tiempo laborado”. Un ejemplo, un neurocirujano que trabaja cuatro horas en una intervención quirúrgica de altísima complejidad no puede ganar lo mismo que una persona que se dedica cuatro horas a barrer las calles de una ciudad.

No creo tampoco, que solamente cambiando el modelo económico, hacia “la economía planificada de equivalencias”, se van a dar las condiciones para la creación de un hombre (y una mujer) nuevo(a). Creo que es indispensable abordar lo relativo a la conciencia, la cual no surge espontáneamente de la mejora en las condiciones materiales. Ese ser humano “racional – ético – estético”, tiene que ser concebido como un producto de una nueva sociedad y una condición para que esta sociedad pueda ser construida. O sea, el ser humano nuevo es un producto y un resultado y tendrá que surgir de una compleja interacción en los cambios de valores que tienen que ser impulsados por la familia, la escuela, el sistema de trabajo, los nuevos sistemas de información y comunicación, las transformaciones en la cultura, los hábitos y las conductas. En ese sentido, comparto plenamente lo que señala el Movimiento Poder Ciudadano en su Documento de Compromisos: “Nuestro compromiso es con el surgimiento de un ser humano nuevo, un ser humano consciente, espiritual, solidario y compasivo, un ser humano respetuoso del otro, tolerante y comprometido, un ser humano libre, un ser humano generoso y transformador, un ser humano ciudadano de su tierra natal y de la Humanidad” (http://www.poderciudadano.ec/cms/images/stories/pdfs/boletines/compromisos.pdf).

¿Qué estilo de vida quisiéramos para nosotros y las siguientes generaciones? Uno en el que sea el ser humano para quien trabajen todas las construcciones sociales: el mercado, el Estado, las organizaciones sin fines de lucro, el sistema educativo, el de justicia, las relaciones e instituciones internacionales. Uno, en el que el ser humano entienda a la preservación de la vida en el planeta, como su principal tarea y por tanto, aprenda a producir y consumir de manera que no ponga en riesgo la vida a escala planetaria. Uno en el que las instituciones nacionales e internacionales creadas por el ser humano contribuyan a distribuir equitativamente la riqueza, el ingreso, los recursos, la información y el poder. Uno en el que se valore primordialmente lo que es esencial: el agua, el aire, la tierra, el resto de los seres vivientes no humanos, el resto de los seres humanos. Uno en el que sea más importante el tránsito de los seres humanos por todo el planeta al de las mercancías y al de los capitales. Uno en el que los seres humanos puedan desplegar libremente toda su capacidad creativa, toda su inventiva, todo su potencial para innovar. Uno en el que el trabajo, sin ninguna distinción entre el intelectual y el manual, pueda ejercerse como un derecho y un deber individual y social. Uno en el que la equidad ni siquiera sea un mérito, porque esta ya es parte de la vida cotidiana para hombres, mujeres, niños, ancianos, negros, indios, chinos. Uno en el que cada uno es responsable de su cuerpo, como entidad física, mental y espiritual, y tiene plena autonomía y libertad para decidir su sexualidad, procreación y derecho a la vida y a la muerte. Uno en el que la violencia de la miseria, la dominación y la enajenación sean parte de un pasado insepulto y la vida en paz entre los individuos, las colectividades, las naciones sea lo normal. Uno en el que las personas se sientan pertenecer a su familia, a su círculo de amigos, a su barrio, a los que aman por todo lo que enriquecen su vida cotidiana, con la misma intensidad con la que se sienten pertenecer a la raza humana, a la que les liga un compromiso y un destino común.

Ciudad Alfaro, Montecristi, 16 de marzo de 2008

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